
Última actualización: 11/09/2010
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Amistad, amor, fidelidad y lealtad, nostalgia, melancolía, o la importancia de nunca olvidar... Andando la vida, primera novela de Pati Blasco galardonada con el VIII Premio Desnivel de Literatura, nos descubre el interior de su autora, sus pensamientos y sentimientos acerca de las cuestiones más importantes de su vida (y las nuestras), como por ejemplo, en el caso de la protagonista, Julia, la maternidad. Pati Blasco cien por cien.
Pati.... ¿estás embarazada?
Noooo!!! Pero tampoco me importaría en un futuro no muy lejano.
¿Cuál fue el impulso definitivo para ponerte a escribir este libro?
La verdad es que quería hacerlo y no sabía muy bien por qué. En el viaje que hice al K2 escribí un diario y allí ya se me ocurrió el argumento principal, ya sabía qué quería contar. Lo malo es que no tenía demasiado tiempo y durante casi dos años lo dejé aparcado. Proponerme presentarlo al premio Desnivel, tener una fecha concreta y un objetivo cerrado, me ayudó a sentarme y simplemente parir todo lo que llevaba dos años gestando.
¿Era una especie de necesidad personal?
Siempre he querido contar historias, en mi familia hay mucha tradición de cuentos, de anécdotas, de poesías, y desde pequeña siempre tuve claro que quería escribir. Este libro más que una necesidad para mí fue un juego, un reto, un sueño, pero ahora con un poco de distancia me doy cuenta de lo necesario que ha sido, de lo que me ha ayudado y enseñado esta experiencia.
¿Por qué la has vestido de novela?
Porque la realidad siempre supera la ficción, porque me encanta inventar, inventarme, coger los trozos de realidad que mejor definen lo que quiero contar y crear un mundo imaginario a su alrededor de manera que no se sepa donde empieza la invención y donde acaba la realidad. Para mí eso es lo más bonito del juego de escribir, saber que cabe todo lo que sientes todo lo que conoces y todo lo que imaginas.
¿Cuál ha sido, de haber existido, el gran obstáculo al escribir?
El tiempo y la inseguridad. La verdad es que me salió todo muy fluido, como de muy dentro y por eso me resultó sencilla y bonita la experiencia, pero iba un poco contrareloj. Sergio me ayudó a hacer un esquema (porque yo soy muy desorganizada) para que fuese tachando y supiese cuánto me quedaba por contar... pero pasé horas y horas encerrada delante del ordenador. Había momentos que realmente me lo pasaba genial, disfrutaba muchísimo o me sentía orgullosa de lo que había hecho. Pero muchos otros sentía que igual lo que tenía entre manos no iba a ningún sitio, que era un petardo o que no reflejaba bien lo que quería contar o que repetía demasiado ciertas palabras... Pero como en realidad nunca pensé que lo fuese a leer nadie más que el jurado del premio y mi gente, me lo tomaba como algo muy íntimo, como si escribes una carta a un amigo lejano y la echas al buzón.
¿No te asusta desnudarte interiormente con una obra tan íntima y autobiográfica, como asegura en el prólogo Julio Villar?
No me asusta, pero me da mucho pudor porque más que mi biografía, lo que desnudo son muchos sentimientos y eso siempre da cierta vergüenza. Lo que pasa es que en realidad este libro es como esa carta a un amigo que te decía antes, este libro era para mi gente, en realidad era a ellos a quienes me apetecía contar un cuento y les ha encantado y emocionado, y como no hay nada más bonito que desnudar el alma delante de aquellos a los que quieres y te quieren, pues me siento feliz de haberlo hecho, de no haber tenido miedo en su momento (aunque no lo tuve porque no lo pensé demasiado). Para mí su emoción, su gratitud y su compañía son el mejor regalo.